Durante años, la fragmentación de los entornos de redes y seguridad se consideraba una ineficiencia con la que se podía vivir. La inteligencia artificial ha cambiado esa perspectiva. Esto es lo que 525 altos directivos de TI y seguridad afirman que está costando a sus organizaciones, y qué medidas están tomando al respecto.
35%
de las organizaciones sufrieron una brecha de seguridad durante el último año que fue provocada o agravada por una mala coordinación entre los equipos de redes y de seguridad.
73%
afirman que la complejidad técnica ha retrasado o hecho fracasar un proyecto crucial durante el último año, lo que convierte al fracaso de la integración en la principal causa del fracaso de los proyectos.
99%
han identificado la convergencia como un objetivo organizativo reconocido, pero la mayoría sigue enfrentándose a las barreras técnicas y humanas que se interponen en su camino.
La mayoría de las organizaciones no se propusieron crear entornos fragmentados. Tomaron decisiones sensatas, herramienta a herramienta, a lo largo de los años. El resultado es lo que denominamos «el coste de la complejidad»: el coste acumulado de una infraestructura de redes y seguridad que nunca se diseñó para funcionar como un todo.
Esto se traduce en un gasto presupuestario debido a herramientas redundantes, brechas de seguridad cuando falla la coordinación e iniciativas críticas que se estancan a la espera de que los equipos se pongan de acuerdo. El informe «El estado de SASE IA en 2026» cuantifica con cifras concretas un problema que la mayoría de las organizaciones han estado soportando en silencio, y muestra por qué la IA hace que sea imposible ignorarlo.
Donde la tecnología y la dinámica organizativa se dan la mano
La arquitectura fragmentada no solo complica la tecnología, sino que también fragmenta a los equipos. Cuando las redes y la seguridad funcionan con sistemas distintos, prioridades diferentes y definiciones distintas de lo que es el éxito, la coordinación se convierte en un trabajo a tiempo completo en sí misma.
Las organizaciones que más avances están logrando en materia de convergencia no se limitan a consolidar herramientas. Están reestructurando la forma en que colaboran sus equipos, aclarando las responsabilidades y estableciendo mecanismos de gobernanza que permiten a ambas partes avanzar al unísono. Este informe recoge los obstáculos técnicos y organizativos que frenan las iniciativas de convergencia, así como las condiciones que permiten a las organizaciones superarlos.
Casi todos los líderes encuestados (el 99 %) han señalado la convergencia como una prioridad estratégica, y el 95 % afirma que la inteligencia artificial es lo que la convierte en una cuestión urgente. El consenso sobre la dirección a seguir es claro. La ejecución, en cambio, no lo es.
La complejidad técnica y la falta de competencias encabezan la lista de obstáculos. Sin embargo, un tercio de las organizaciones también menciona la resistencia interna al cambio, lo que nos recuerda que la convergencia es tanto un reto humano como tecnológico. Este informe analiza en profundidad la brecha existente entre la intención y la acción, así como las medidas concretas que permiten a las organizaciones salvarla.
«El impuesto de la complejidad lleva una década a la vista de todos. La buena noticia es que los líderes ahora ven el problema con claridad: el 99 % ha señalado la convergencia como una prioridad estratégica. El trabajo que nos queda por delante consiste en aunar equipos y tecnología para llevarlo a cabo».
KELLY AHUJA, directora ejecutiva de VERSA